Abuelito solitario de 94 años hace una piscina para niños del vecindario; todos entran gratis

Curiosidades

Abuelo alfa de 94 años hace una alberca para los niños. Un abuelo alfa ha sido elogiado por la resolución que tomó unos meses una vez que muriera su esposa. Si bien la paz y la calma pareciesen algo deseable, tras la infortunada pérdida, decidió poner una alberca en su jardín a fin de que todos y cada uno de los pequeños del vecindario la pudiesen gozar sin costo.

Abuelo alfa de 94 años hace una alberca para los niños

Abuelo alfa de 94 años hace una alberca para los niños

Keith Davison, se hartó de la quietud en su hogar sin su esposa Evy. “No puedes ni imaginarte de qué forma es esto”, afirma con relación a la partida de su esposa a fines de 2016 después de 66 años de matrimonio, en un pueblo llamado Morris, en Minessota, E.U..

“Lloras mucho, asi es cuando comprendes que ya no está aquí”. Pero su casa ya no está en completo silencio. El juez en retiro de 94 años instaló en su jardín trasero una alberca y la llenó a fin de que los pequeños del vecindario la disfrutaran.

“Sabía que vendrían”, afirma Davison, riéndose. Mucha gente creyó que era una broma cuando publicó su idea. Su vecina Jessica Huebner era una de ellos.

Esta primavera cuando lo vi marcando el patio, le afirmé a mi esposo: ‘realmente va a edificar una alberca en su patio’.

Desde el instante en que abrió la alberca en el mes de julio, Huebner y sus 4 hijos han estado ahí de manera regular. “Él da un tanto de dicha en nuestro vecindario para los niños”, afirma.

El patio de Davison no solo tiene una alberca de 32 pies de largo (9.75 metros) y 9 de profundidad (274 metros), sino es la única alberca pública.

“Ahora pasaremos todos y cada uno de los días aquí”, afirma Jamie Mundal, otra de las madres del vecindario.

Davison tiene 3 hijos adultos,  no pero tiene nietos. Huebner afirma que ahora le afirma a su vecino: “de alguna forma adoptaste a todos y cada uno de los pequeños del vecindario. Ellos son tus nietos”.

Davison goza de ver a los pequeños jugar mientras que se sienta en su silla de jardín. Las reglas de la alberca requieren que uno de los padres o bien abuelos estén presentes mientras que los pequeños nadan. El juez goza del agua cuando ya todos se fueron a sus casas.

“Ya no me siento solo a ver las paredes”, sonríe.

El duelo puede ser un proceso durísimo y solitario. Pero este abuelo alfa supo de qué forma vencer la contrariedad y además de esto prestar un servicio a la comunidad.

Compartir

Comentarios