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Descubre al extraño animal que devora los cadáveres de cocodrilos en el fondo del mar

Una investigación revela que hay un género de crustáceos gigantes que son capaces de devorar el cadáver de un cocodrilo en solo 51 días


El mes pasado de octubre se hacía eco de unas imágenes captadas por el Nautilus –un navío de investigación que emite en riguroso directo de inmersiones de automóviles submarinos- en las que se observaba a numerosas criaturas marinas devorando el cadáver de una ballena en las profundidades del océano Pacífico.

Escenas como esta dan mucha información a los científicos, puesto que en el mar nada se desaprovecha y un cuerpo sin vida de semejante extensión se transforma en un banquete para muchos comensales que, de no haberse aposentado allá el cadáver, seguramente no habrían aparecido y absolutamente nadie sabría que existen.

 

Con el propósito de estudiar las especies buitres marinas, hace más o menos un año un conjunto de científicos del Consorcio Marino de la Universidad de Luisiana (U.S.A.) puso 3 ejemplares muertos de cocodrilo americano (Alligator) en diferentes lugares del Golfo de México.

Los especialistas ignoraban por completo lo que podrían encontrarse, en tanto que en el mar no existen muchos animales capaces de atravesar la dura piel de un reptil. De los pocos que pueden hacerlo son una especie de crustáceos gigantes con aspecto de langosta que pueden medir hasta 50 centímetros de longitud.

Los cocodrilos fueron devorados por unos crustáceos gigantes (C. R. McClain et al., 2019)
Se trata de unos isópodos que habitan los mares y océanos del planeta desde hace muchos años –son de las criaturas marinas más viejas- y pertenecen a la especie Bathynomus giganteus. Entre lo poco que se sabe de ellos resalta el hecho de que pueden soportar meses e inclusive años sin comer. ¿De qué forma? Se acumulan con el alimento a cuestas y van alimentándose poquito a poco los unos de el alimento de los otros.

Los estudiosos de la Universidad de Luisiana grabaron el instante en el que estas criaturas devoraban los aligátores y lo publicaron en Youtube en un vídeo que en su instante dio la vuelta al planeta y que el día de hoy ya han visto prácticamente 6 millones de personas.

Ahora todo esto vuelve a ser noticia por el hecho de que se termina de publicar en la gaceta especializada PLOS ONE el estudio en el que se recogen los detalles del experimento, que tenía como objetivo conocer las particularidades de la cadena alimenticia que se da a gran profundidad en el Golfo de México y, por extensión, en los mares tropicales del planeta.

Conforme se recoge en el trabajo, los cocodrilos empleados para el experimento fueron proporcionados por las autoridades de Luisiana, puesto que en este estado estos reptiles que habitan en las zonas ribereñas desde Texas hasta Carolina del Sur están protegidos.

Los estudiosos quedaron pasmados al ver que uno de los cadáveres fue devorado en tan solo 51 días y al advertir que otro desapareció por semana de haberlo hundido. A su juicio, este último se lo debió llevar, o un tiburón de peinetas (Hexanchus griseus), o un tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que son los únicos que viven a grandes profundidades en el Golfo de México.

El trabajo recoge, además de esto, que tras quedar los huesos de los cadáveres totalmente limpios, se aposentaron sobre ellos un tipo de anélidos necrófagos (Osedax) que excavan galerías en los huesos de criaturas marinas fallecidas para llegar a la grasa de la que se nutren.

Gusanos que devoran huesos
Los Osedax son un tipos de anélidos necrófagos que se nutren de lo que hay en los huesos de los cadáveres de las ballenas grises y otras criaturas marinas

Hasta el momento se sabía que se nutrían de los cadáveres de las ballenas grises, pero este experimento ha tolerado ver que asimismo se hallan en el Golfo de México y se nutren de reptiles.

Aparte de las especies que se aproximaron a devorar a los cocodrilos, el trabajo recoge la manera en la que el carbono de la atmosfera se recicla en las profundidades del océano, que es el primordial sumidero natural de carbono de la Tierra.

Y es que, a grandes profundidades, donde no hay luz y no se efectúa la fotosíntesis, que es lo que mantiene la vida bajo el agua a poca profundidad, quienes viven allá deben alimentarse de las partículas orgánicas que caen de arriba, muchas de las que proceden de la descomposición de animales fallecidos.