Tiene 17 años, mide 2,31 metros y sueña con llegar a la NBA

Curiosidades

Tiene 17 años, mide 2,31 metros y sueña con llegar a la NBA. El rumano Robert Bobroczkyi juega en el básquetbol juvenil de E.U., pues lo fichó el Spire de Ohio. Pesa solamente 90 kilogramos, y sus pantalones los consigue nada más que bajo pedidos y usa camisas XXXXXL.

Tiene 17 años, mide 2,31 metros y sueña con llegar a la NBA
Tiene 17 años, mide 2,31 metros y sueña con llegar a la NBA

“Tu puedes elegir: tu altura puede ser una bendición o bien una maldición, depende de ti”. El rumano Robert Bobroczkyi afirma que lo que más recuerda de su padre es esa oración que le afirmaba en su niñez. No le importa que con 17 años, los 2,31 metros de altura le hayan provocado una escoliosis que le trajo inconvenientes de cadera y espalda. Él sigue persiguiendo su sueño de jugar en la NBA, de ahí que hace un año que juega en el básquetbol juvenil en E.U.. Lo fichó el Instituto Spire, en Ohio, y desde el instante en que llegó le amoldaron cada detalle a su particular vida, conforme le contó a New York Times, que la semana pasada publicó un perfil suyo y lo hizo todavía más conocido.

Los primeros meses en Ohio Bobroczkyi los pasó en un dormitorio en Gran River, una academia preparatoria con 80 estudiantes. Allá los funcionarios escolares le construyeron una cama de 2,5 metros para su habitación y escritorios adaptados para sus salas. No obstante, desde el momento en que se mudó a una casa con sus amigos del equipo debió cambiar la cama (no entraba por la puerta) y ahora duerme en una normal y pone 2 valijas a la altura de sus gemelos, con una almohada en la parte superior para mantener sus pies.

La vida que lleva este gigante con cuerpo desgalichado (pesa solo 90 kg) procura ser semejante a la de sus compañeros. Le agradan las películas de terror, las novelas de ciencia ficción y la NBA 2k. Afirma que duerme cada vez que puede y que aprendió a tocar el piano mirando vídeos de Youtube. Pero asimismo tiene cosas que lo hacen ser diferente. Las puertas son siempre y en todo momento demasiado bajas, los pantalones han de ser pedidos por encargo y emplea camisas XXXXXL.

Además de esto, la Clínica Cleveland le asignó un dietista con la meta de que aumente medio kilogramo al mes. Para llegar a ese objetivo debe consumir 4.500 calorías al día (el equivalente a 9 hamburguesas Big Mac). Entre risas, el gigante cuenta que tiene inconvenientes cada vez que en el comedor de la escuela hay sopa. Como las mesas tienen altura normal, Bobroczkyi debe acercarse el plato a la boca, pues las veces que procuró con la cuchara no pudo sostener el pulso.

Su altura tiene 2 culpables: sus progenitores. Zsigmond (2,17 metros), ex- jugador del básquetol rumano, y Brunilda (1.90) , ex- jugadora de voleibol, cuentan que el tamaño de su hijo al comienzo les produjo preocupación, pero después de exámenes médicos descartaron que tuviese una enfermedad. Lo que primero confirmaron fue que no tenía el síndrome de Marfan, una condición genética del tejido que puede causar inconvenientes cardiacos que conminan la vida. Otras pruebas durante los años suprimieron otras condiciones potencialmente alarmantes.

En Labrad, la urbe natal de la familia que queda en el oeste rumano, Bobroczkyi era conocido eminentemente por su padre, que había jugado profesionalmente con los clubes rumanos Elba Timisoara y West Petrom Labrad, pero empezó a llamar la atención cuando, en la escuela secundaria, superó la altura de su padre. Esa altura fue la que lo llevó a Italia para jugar en un club de apasionados, A.S. Stella Azzurra.

Su vida en Italia duró poco. A los meses lo vio Bob Bossman, directivo del programa de básquetbol en Spire, que descubrió un vídeo de YouTube de Bobroczkyi en el que se luce tirando triples y haciendo pases. “Vi que tenía potencial”, le contó Bossman a New York Times. Conforme afirmó, primero le escribió a Bobroczkyi por Fb, le contó sobre las instalaciones y la ocasión de jugar en un equipo con ciertos mejores jóvenes del país. Cuando Bobroczkyi y su familia visitaron el campus en 2016, hizo una valija y no retornó a Italia.

La vida de Bobroczkyi sigue en USA, donde del mismo modo que en todos y cada uno de los lugares por los que pasó siempre y en toda circunstancia le preguntan por su altura. Y todas y cada una de las veces responde de forma sencilla: “Debes habituarte a eso”. Pero una vez le preguntaron si le agradaría crecer más y no lo vaciló. El jugador que hizo de su anomalía una bendición negó con la cabeza y respondió: “Ya acabé. Creo que crecí lo bastante”.

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